UN ESPACIO Y UNA VOZ PARA ELLOS: NUESTROS ACOMPAÑANTES NO HUMANOS
(En la foto: Eduardo)
En la memoria de la ciudadela universitaria de la Universidad de Antioquia se constata, desde la década del 80, la presencia de diversas especies animales, dadas las características ambientales y el proceso de urbanización aledaño. En ese contexto se inició la acción de un grupo denominado Defenzoores, hace más de quince años, conformado por estudiantes con el apoyo de algunos profesores, y que hoy es una asociación de egresados.
Posteriormente, se fundó la Corporación para la protección de los Animales — CORPROAS —, el 4 de febrero de 2008, como una iniciativa adelantada por varios integrantes de la comunidad universitaria (profesores, estudiantes, egresados, jubilados, y empleados) y otras personas no pertenecientes a la Universidad, que se aglutinaron en torno a esta causa con el fin de velar por el cuidado de la fauna doméstica y silvestre que tiene como su hábitat la Universidad de Antioquia. Atendemos aspectos como la alimentación, la atención veterinaria, la creación de hogares de paso y adopciones para perros y gatos en situación vulnerable, entre otros. En igual nivel de importancia, se contempla la labor formativa, educativa y de sensibilización en relación con el trato a los animales; no obstante, esta última labor no se ha podido desarrollar ampliamente debido a la altísima demanda en las tareas asistenciales y a las pocas personas a cargo.
La Corporación no cuenta con apoyo institucional, dentro o fuera de la Universidad. Las labores y los costos son llevados a cabo y sufragados totalmente con aportes particulares, que difícilmente cubren los gastos generados por la labor de asistencia; la mayoría de los miembros son estudiantes que contribuyen con su tiempo, y empleados que dedican su tiempo libre a estas tareas. En la actualidad somos un conjunto de cerca de 20 personas, la mayoría de ellos estudiantes de diferentes programas académicos (Antropología, Ingeniería, Idiomas, Trabajo Social, Medicina), con algunos profesores, egresados y empleados, así como personas que no pertenecen al espacio universitario pero son simpatizantes con la causa.
La población actual de animales domésticos en la Universidad es de: un perro (Simón ) en la Hacienda El Hatillo; y de 12 gatos en la Ciudadela (Samurai, Japonesa, Barbis, Puntitos, Facunda, Condrio, Mito, y 5 más que transitan entre Ciudad y el Parque Norte), que conforman lo que hemos denominado “población estable”, esto es, el grupo de animales que lleva desde 1 hasta 10 años o más en la Universidad, y ya se reconocen como pertenecientes a ésta. Hay además una “población flotante” de animales que son abandonados directamente en predios de la Universidad o que acceden a éstos desde la calle por su condición de desprotegidos. También se cuenta la población de palomas, a la que alimentamos en períodos de vacaciones, y algunas otras especies que eventualmente requieren algún tipo de atención (iguanas, micos, aves).
En la actualidad tenemos cuatro frentes urgentes de acción, que consumen toda nuestra capacidad: 1) la compra y repartición diaria de alimento, labor de la que se encargan principalmente estudiantes, coordinados por profesores, así como la atención regular en salud a los animales (vacunación, desparasitación interna y externa); 2) la atención de emergencias médicas o casos de enfermedad, que es gestionada entre profesores y estudiantes, recurriendo a dos veterinarias que nos apoyan con tarifas reducidas, y también la esterilización de animales ingresados; 3) la reubicación de animales abandonados o que ingresan por sus propios medios a la Universidad (los cuales por lo general presentan problemas de salud como desnutrición, heridas, vejez, enfermedades), y 4) la consecución de fondos para el sostenimiento de las labores anteriores. En el 2009, nuestra Corporación debió atender un total de 36 animales (entre perros y gatos) abandonados o ingresados a la Universidad; se debió proporcionar atención veterinaria en 29 casos; se consiguió hogar de paso o definitivo para 20 animales; se gestionaron 10 esterilizaciones y se realizaron 3 jornadas de vacunación, fumigación y desparasitación (para un promedio de 10 animales en cada jornada). Nuestros gastos anuales en la realización de todas estas actividades son de alrededor de diez millones de pesos ($10.000.000).
Nuestra labor es a veces desagradecida y desalentadora. Hemos tenido pérdidas como la de Tommy, cachorro enrazado en labrador de color más negro que la noche que un día se enfermó de moquillo. Capote, un hermoso can negro azabache también, que por su curiosidad natural e ingenuidad sufrió una muerte terrible por haber ingerido residuos tóxicos mal dispuestos. Pepita, fecunda gatita, muy arisca y asustadiza al principio, probablemente por los maltratos que sufrió por parte de los humanos, pero que luego se ganó el cariño de todos, tuvimos que despedirla por descubrir en ella la terrible leucemia felina. Nuestro Jorge Eduardo, perro “insignia” de la U de A que llevaba muchos años aquí (no sabemos exactamente cuántos), cuyo lugar de travesuras era la portería de Ferrocarril, desapareció el pasado mes de noviembre y jamás volvimos a saber de él ¿se perdió?, ¿se lo robaron?, ¿lo mataron?, no sabemos y probablemente nunca lo sabremos, sólo estamos seguros de que quedó un enorme vacío en los que lo conocimos. Y la más triste e indignante historia que tuvimos que vivir últimamente fue la de Lucas, juguetón, enérgico y tierno can de hermosos colores, que una aciaga madrugada de marzo fue cruelmente arrollado por un vehículo repartidor de leche dentro del Campus Universitario. En estos momentos se están adelantando las gestiones para que su caso no quede en el olvido.
Y así, muchos de nuestros seres queridos no humanos se los ha ido llevando la vida. Son muchas los sucesos, anécdotas y aventuras que hemos vivido por ellos. Y aunque han sido numerosos los casos de abandono y maltrato que hemos tenido que atender, gracias a los ingentes esfuerzos de todos los miembros y de personas de gran corazón, hemos podido sacar adelante las vidas de decenas de hermosos e indefensos animalitos víctimas de la inconsciencia y de la ignorancia humanas. Y a pesar de todo el cariño, el agradecimiento y la compañía que hemos recibido de esos animales no humanos que han sufrido el abandono o el extravío de su hogar, ansiamos el día en que no haya más animales por socorrer, porque todos sean tratados y sostenidos como debe ser según su condición de seres vivos con sentimientos y sensibilidad, pues tristemente, además, nuestra labor en la Universidad ha sido leída de manera distorsionada por muchas personas insensibles, que han interpretado que el Campus es un “buen sitio” para abandonar a los animales de compañía de los que quieren deshacerse.
Si usted amable lector desea colaborarnos de alguna manera, debe saber que su apoyo será muy bienvenido porque lo necesitamos. Le aseguramos que nunca tendrá la oportunidad de arrepentirse, porque la recompensa a nuestro trabajo (una mirada tierna, una colita feliz, un maullido de tranquilidad, una vida salvada) es la retribución inconmensurable. Si quiere apoyarnos o saber más de nosotros, escríbanos.
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